El nacimiento de un hijo siempre es un momento de inflexion en la vida de un hombre: uno se enfrenta a su pasado por esa simiente de futuro que se siembra en la tierra fecunda del cuerpo amado. Es epoca de cambios. De reformas. Pero sobretodo de felicidad: por lo menos aparente. En los muebles viejos de la habitacion del que habra de ser mi recuerdo perpetuo, en plena redecoracion y vaciado de cajones encuentro un fajo de cartas, libretas con anotaciones y un diarios con epistolas enviadas y que nunca me atrevi a enviar a una mujer morena, de pelo azabache y ojos de noche eterna que sigo vislumbrando en las sombras y que me ataca en forma de recuerdo cuando bajo la guardiay la soledad marca sus cartas en la mano siguient aun compartiendo sueño y cama con otra. me volvio loco por sus huesos y luego me olvido como quien olvida el valor de la moneda que lanza a una fuente. Aqui mi testimonio esquivoen forma epistolarde la mujer que siempre sera y que nunca fue mia pero a la que ame y sigo amando por lo siglos de los siglos. A medida que pasan los años y yo la sigo recordando ( si es que se puede recordar lo que no se olvida) la imagino como una gitana de caderas encendidas y conjuros tan oscuros como la noche en la que sus manos me invitaban a una guerra que ya tenia perdida pero a cuya contienda me era imposible negarme.



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